Dominic Blackwood
No había dormido. El dolor del brazo era una punzada rítmica que me recordaba mi propia estupidez, pero el incendio en mi cabeza era mucho peor. Chloe Donovan. Ahora que el nombre era real, la urgencia de poseerla, de encerrarla donde nadie pudiera rozarla, se había vuelto una obsesión física.
La encontré a la mañana siguiente frente a su edificio. Intentó huir en cuanto vio mi coche, como una presa que reconoce la sombra del depredador, pero no le di oportunidad. Bloqueé su p