Dominic Blackwood
El eco del portazo aún vibraba en las paredes de mi habitación. El aire entre Chloe y yo era una mezcla combustible de odio acumulado, miedo no admitido y un deseo que nos estaba consumiendo los huesos. Ella no retrocedió. Se quedó allí, con el pecho subiendo y bajando con fuerza, desafiándome con esos ojos café que parecían ver cada grieta de mi armadura.
—¿Crees que encerrándome vas a ganar algo? —preguntó ella, su voz era un susurro cargado de veneno y electricidad.
—He gan