Dominic Blackwood
El cuero del asiento de mi coche nunca se había sentido tan frío como bajo el cuerpo de Chloe. Estaba pálida, con la respiración entrecortada y esa fragilidad que solo aparecía cuando el mundo la vencía. La cargué hasta mi ático, ignorando las miradas del conserje; me importaba un bledo lo que dijeran mañana. Ahora mismo, mi único objetivo era ella.
La deposité en mi cama, la misma donde hace semanas se quedó dormida bajo mi vigilancia. Pero esta vez no había ironía en su rost