Dominic Blackwood
La gala había sido exactamente el nido de serpientes que predije. Durante horas, mantuve mi máscara de mármol mientras sostenía una copa de cristal que apenas probaba. Victor Rose y Dylan Ferrer se movían a mi alrededor como hienas esperando que el león diera un paso en falso. Los escuché en el área VIP, hablando con una naturalidad insultante sobre un Londres "post-Blackwood".
—El imperio de piedra se está desmoronando, Victor —había dicho Ferrer, alzando su copa hacia mí con