Chloe Donovan
Había preparado el taller como si fuera a recibir a una deidad antigua que exigía un sacrificio, aunque en realidad solo esperaba a un mafioso con demasiado tiempo libre. Moví el caballete hacia la luz del norte, esa luz fría y honesta que no permite que las mentiras se escondan en las sombras. En mi mano, un carboncillo bailaba entre mis dedos, una extensión de mi propia ansiedad.
Escuché el motor de su coche antes de verlo. No era el rugido de un motor cualquiera; era un ronrone