Lucia no había tenido tiempo para procesar todo lo que estaba sucediendo. La vida le había dado un giro tan inesperado que aún no lograba asimilarlo. A la mañana siguiente, cuando se levantó y vio la vacía casa de su madre, supo que ya no podía seguir allí. Las decisiones tomadas estaban encaminadas, aunque no podía dejar de sentirse atrapada. Había hecho lo que Massimo le pidió, pero la ansiedad de saber que estaba cambiando su vida de esa forma no la dejaba en paz.
Se subió a la guagua Lexus