Lucia se despertó temprano, sintiendo el cuerpo aún tibio por la noche que había pasado con Massimo. Una sonrisa se dibujó en sus labios al recordar los momentos compartidos, pero pronto la realidad la llamó de vuelta. Tenía que ir a trabajar.
Se arregló rápido, tratando de no pensar demasiado en él. Sabía que si lo hacía, se quedaría atrapada en la fantasía y ahora mismo necesitaba concentrarse. Su día en la oficina transcurrió sin mayores sobresaltos, aunque en el fondo, la imagen de Massimo