—No, Thiago… no es nuestra casa —murmuré suavemente mientras apartaba el cabello de su frente—. Solo estaremos aquí hasta que te recuperes, mi amor. Ahora ve con Clara, necesito terminar de hablar con Adrián y enseguida te alcanzo.
Thiago dudó todavía aferrado al cuello de Adrián antes de asentir finalmente. Él lo ayudó a bajar con cuidado y la forma en que sus manos permanecieron sobre los hombros del niño hizo que desviara la mirada hacia el escritorio intentando ignorar la sensación incómoda