—¿La señora de anoche ya no volvió?
La pregunta salió de pronto mientras mi hijo jugueteaba distraídamente con la manta entre las manos. Permanecía recargado contra la almohada, todavía agotado por la fiebre, aunque mucho más despierto que durante la madrugada. Fruncí ligeramente el ceño antes de acercarme un poco más a la cama.
—¿Qué señora?
—La que estaba aquí con él.
Sus ojos se movieron directamente hacia Adrián.
Levanté lentamente la mirada hacia él y lo primero que noté fue que había dejad