—Vamos, Valeria. Sé que vas a quedarte aquà esta noche… pero no vas a hacerlo sola.
Adrián saliĂł primero del vehĂculo y rodeĂł el automĂłvil antes de abrir mi puerta sin decir nada más. La tensiĂłn seguĂa instalada debajo de todo lo que habĂa ocurrido desde la reuniĂłn, mezclándose ahora con algo distinto. Algo más silencioso. Más difĂcil de ignorar.
Entramos al hospital y apenas las puertas automáticas se cerraron detrás de nosotros, el olor estéril y las luces blancas volvieron a envolverlo todo.