Llevaba toda la maldita mañana aburrida encerrada en estas cuatro paredes. Pese a la compañía de Bianca sentía que necesitaba aire y estaba dispuesta a salir.
—Bianca, ayúdame a buscar un atuendo elegante y sexy para salir .
—¿Salir? —Me mira incrédula —. ¿A dónde?
—A visitar al señor Montecristo a su empresa.
—¿Estás hablando enserio? —Asiento.
Tomo del armario unas botas de puntas negras altas , una falda del mismo color, una blusa de tiras blanca y una chaqueta de cuero roja.
Me lo col