La noche es pesada, silenciosa, como si el mundo mismo contuviera el aliento. Miro a Katrina, su rostro pálido y ensombrecido, los labios entreabiertos, la respiración lenta pero constante mientras su cabeza yace en mis piernas y acaricio su cabello con suavidad.
Ludovico maneja con rapidez sus dedos aprietan sobre el volante y puedo sentir su tensión.
Cada disparo resuena aún en mi cabeza, un eco de los años de odio que he arrastrado. Katrina finalmente sin asco acabo con la vida de quien ar