Han sido semanas de tortura en este maldito lugar, de encerrarme en la oscuridad y la incertidumbre. Aún no sé qué está tramando Luciano pero de algo estoy segura: vendrá por mí. Me sacará de aquí.
Mi vida se reduce a esta habitación, vigilada día y noche por hombres que solo me sacan para comer, y luego me encierran de nuevo. Estoy agotada, anémica; la comida últimamente me sienta mal.
El plato frente a mí se ve apetitoso, pero no tengo ánimo. Suspiro, intento dar un bocado, pero el esfuerzo e