Forcejeo... ¡Paren!
Forcejeo... ¡Paren!
Stefano cargaba entre sus brazos a mi hijo, sosteniendo una pistola con la punta sobre su cabeza, el espacio era enorme y había un par de salidas por un costado, y detrás de él solo el vació.
—¡No! —grité de inmediato a penas lo vi, me detuve en una rabia e impotencia, pero con un maldito odio, como se atrevía a amenaza a un niño indefenso.
Peter al vernos abrió sus ojos y comenzó a jalarse hacia nosotros. Mis ojos se llenaron de lágrimas el me reconoció, no me había olvidad