🖋 NARRADOR OMNISCIENTE
En la casa se respiraba un olor a cafe recien hecho y a un delicioso tocino con huevos.
Jareth se movía de un lado a otro como si la cocina fuera un campo de guerra al que ya habia acabado.
No dejaba que nadie, absolutamente nadie, se acercara a Isabel.
Ni siquiera Ethan.
—Siéntate —le ordenó Jareth a Isabel suavemente mientras le acomodaba una manta en el regazo—. Quiero que estés cómoda. No quiero que te canses.
—Estoy embarazada, no inválida —protestó ella riendo.
—L