La tarde parecía más densa de lo habitual, como si el sol no se atreviera a tocar la ciudad. Eirin estaba sentada junto a la ventana, con una taza de café intacta entre las manos, los ojos puestos en el horizonte, mientras que Ethan, se encontraba en el otro extremo del departamento, hablaba por teléfono con uno de los fiscales aliados, mientras revisaba documentos confidenciales. El ambiente era una mezcla de encierro, tensión y desvelo. Las paredes comenzaban a sentirse más estrechas cada día