El parabrisas estaba cubierto por una delgada capa de hielo. Ethan pasó la manga por el cristal y vio su reflejo, opaco, deformado por la escarcha. Los ojos hundidos, la barba crecida, el abrigo raído... Parecía otro hombre. Quizás porque ya no era el que había huido. Ahora, simplemente, no tenía a dónde volver.
El camino a la cabaña fue lento. Niebla espesa, pinos helados, el crujir de las ramas bajo los neumáticos. El lugar estaba igual que en su infancia. Una postal del silencio. Había perte