Un día cualquiera esa misma semana, ya que para Ethan todos los días parecían iguales, con esa tensión y la frustración de no lograr su objetivo, la noche envolvía la ciudad con un manto denso, húmedo, casi hostil. Las luces lejanas de los edificios eran meras pulsaciones frías en el horizonte, y en lo alto de un rascacielos abandonado, él y otra figura compartían más que información: compartían historia, rabia y una urgencia que mordía como un perro salvaje.
Ethan llegó puntual. No llevaba gua