Esa noche, Eirin y Ethan durmieron juntos. Sin más palabras. Sin promesas.
Ella no respondió a su propuesta. No dijo que sí, pero tampoco se apartó. Se quedó con él dentro de la misma cama, acurrucada contra su cuerpo, con los ojos abiertos en la oscuridad. En algún momento en la noche volvieron a reclamar sus cuerpos. Era de esperarlo, el deseo entre ellos parece no tener forma de ser saciado, al contrario, iba en aumento, y la tensión que se cernía sobre ellos con Orestes no era óbice para ol