Eirin sostuvo su mirada. Su piel ardía por dentro, no de miedo, sino de una rabia contenida.
—No tienes pruebas de que haya pasado nada con Ethan. Y aunque las tuvieras, no me doblegaré. Lo único que me ata a ti es un papel, y eso se puede romper.
—Cuidado, Eirin —musitó Orestes con los ojos entornados—. Ese papel es lo único que te protege de una celda.
Ella lo observó con un temblor apenas visible en la comisura de los labios. No por debilidad, sino por la necesidad de contenerse.
—Te equivoc