Si las cosas no marchaban bien para Ethan, que estaba sumergido en una tormenta de emociones y contradicciones, Eirin no estaba tan tranquila como quisiera. No podía.
La noche no fue un refugio. Fue un campo de batalla.
Eirin no pudo dormir. Cada vez que cerraba los ojos, el rostro de Ethan se dibujaba con claridad obscena, como si su subconsciente se aferrara a él con la misma fuerza con la que ella intentaba olvidarlo. Sus pensamientos eran una maraña de emociones: el deseo era el fuego, la c