La conversación dio un giro inesperado cuando Larissa, con un gesto rápido, sacó una aguja de su bolso. Eirin no pudo reaccionar a tiempo. Larissa la atacó por sorpresa, inyectándole una sustancia que la dejó débil y atontada. La joven luchó, pero la presión de la aguja le hizo perder rápidamente el control.
—Lo siento, querida —dijo Larissa con una sonrisa envenenada—. Pero Orestes no puede perder su pieza más importante.
Unos minutos más tarde, Eirin despertó, con la cabeza dándole vueltas y