Capítulo 67. Venciendo a sus demonios.
Al ver a Rodrigo de pie frente a ellos, la atmósfera de la habitación cambió drásticamente. El rostro de Nicolás, que segundos antes derrochaba vulnerabilidad, se transformó.
Ipso facto, sin despedirse, sin pronunciar una sola sílaba y sin dignarse a mirarlos a ninguno de los dos, se dio la vuelta y salió por la puerta.
Emma se quedó con el corazón latiendo desbocado, sumida en un mar de nervios y revés. Habían estado tan cerca de reencontrarse.
Rodrigo, ajeno a la tormenta que acababa de inter