Capítulo 56. Hasta el límite.
La llegada repentina de Manuel había sido un balde de agua fría para todos, especialmente para Nicolás, que aún sostenía a Emma del brazo con una furia irracional latiéndole en la cara.
—Manuel, vete por favor —le suplicó Isabel, interponiéndose débilmente entre los dos hombres—. No empeores las cosas, te lo ruego.
El padre de Emma no retrocedió ni un solo milímetro. Mantuvo su postura firme, con los puños apretados a los costados.
—No me voy a ir a ningún lado, Isabel —sentenció Manuel, clavand