Capítulo 54. Cegado por los celos.
De la nada, la pesada puerta del despacho se abrió sin previo aviso.
Apareció Marcelo, con la respiración agitada, la corbata ligeramente torcida y una tablet apretada contra su pecho.
—Buenas tardes. Disculpe que llegue así sin avisar, señor —dijo el asistente, visiblemente incómodo al notar que Aurora también estaba.
—Cuando llegas así, con esa cara, es porque no traes buenas noticias, Marcelo. Habla ya —ordenó Nicolás, enderezándose en su silla. Aurora lo miraba con profunda curiosidad y un m