Capítulo 42. Yo no me hundo contigo.
Sandra salió de la habitación respirando profundo para calmar sus nervios y caminó a paso firme hacia el despacho.
Su hermano Roberto la esperaba recostado en el sofá, con esa sonrisa de niño malcriado que a ella tanto le irritaba.
—Aquí tienes —Sandra le lanzó un fajo grueso de billetes sobre la mesa de centro—. Espero que sea suficiente.
Roberto se inclinó, tomó el dinero y lo repasó rápido con los pulgares. Chasqueó la lengua.
—Por ahora.
Sandra se cruzó de brazos, fulminándolo con la mirada