Capítulo 40. Despedido por pendejo.
Sandra se recompuso en un segundo. Su sonrisa falsa volvió a su lugar como si se pusiera un disfraz, aunque los ojos oscuros la delataban por completo.
—Emma querida, vaya que madrugadora eres —dijo, intentando sonar casual.
—El ojo del amo engorda al ganado, Sandra —respondió Emma sin titubear, plantándose firme en medio del pasillo.
—Así es, cariño. Me parece excelente que te involucres.
—Te hice una pregunta —la cortó Emma de tajo—. ¿Qué llevas en ese bolso?
Sandra soltó una risita nerviosa,