Capítulo 33. Golpe al ego.
Emma estaba recostada contra la pared, con la respiración agitada. Miró a Sandra con una mezcla agradecimiento y confusión.
Sandra no tenía precisamente la mejor reputación dentro de la familia Altamirano, y verla actuar como su salvadora en ese momento era algo completamente surrealista.
—¿Estás bien? —preguntó Sandra, rompiendo el silencio, aún con el ceño fruncido.
—Sí... sí, muchas gracias —tartamudeó Emma, intentando recuperar la compostura y alisando su vestido.
—Pero, ¿qué fue lo que pas