Capítulo 31. Falsas apariencias.
Rodrigo entró al apartamento dando un portazo. Al llegar al cuarto, se topó con la misma historia de siempre: Leah echada en la cama, sin despegar los ojos del celular.
Y ni siquiera estaba viendo chismes; se la pasaba buscando apartamentos carísimos en las mejores zonas de la ciudad, haciéndose la película de su nueva vida como la amante consentida de Gerardo Altamirano.
—Qué raro —soltó Rodrigo con fastidio—. Echada en la cama, sin hacer absolutamente nada. Es lo único que sabes hacer, perezo