30. Sin poder detener ese sentimiento.
Sarada, aunque sonreía por fuera, se sentía abrumada por las miradas de algunas mujeres, en especial de quienes notoriamente la observaban con desaprobación. Pero disimuló por el bien de su hijo. Un sonido de tambores la sacó de sus pensamientos. La música comenzó y el jeque, con voz firme, dio por iniciada la celebración.
—Disfruten esta noche. Celebremos la llegada de mi hijo como miembro oficial de mi familia. Hay comida, pueden servirse.
Algunas personas comenzaron a bailar, con respeto,