12. La mejor elección.
Había pasado exactamente una semana desde que Sarada tomó la decisión de irse. Estaba encerrada en su departamento, organizando los documentos necesarios para viajar con su hijo. Afortunadamente, él pequeño llevaba sus dos apellidos, lo que facilitaba los trámites legales. Sin embargo, la ansiedad la invadía. Regresar a ese país donde había amado a un hombre con tanta intensidad, pero también donde había sido destruida por completo, era un peso demasiado grande para soportar. Pero no había otra