El sol comenzaba a ponerse cuando el avión aterrizó en un pequeño aeropuerto privado cerca de Florencia. Un convoy de coches negros los esperaba para llevarlos a la "Villa Selene", una propiedad histórica de los Ferrer rodeada de viñedos y olivares.
Al bajar del coche, el aroma a romero y tierra mojada envolvió a la familia. La villa era una construcción de piedra del siglo XVII, con una piscina infinita que parecía caer sobre las colinas de la Toscana.
"Bienvenidos a casa", dijo Leo, tomando l