Valeria no pudo concentrarse en la fundación. Pasó la mañana revisando la foto una y otra vez. Se sentía avergonzada de sí misma por dudar de Leo, el hombre que lo había sacrificado todo por ella, pero la imagen era una espina clavada en su alma.
Decidió llamar a Mía. Necesitaba una perspectiva externa, pero sin revelar demasiado. Se citaron en un pequeño café cerca del taller de diseño.
"Valeria, tienes cara de haber visto un fantasma", dijo Mía, sentándose y dejando su bolso de diseño sobre l