En la cabaña, las luces parpadearon y se apagaron. Valeria metió a Luca y Jazmín en el refugio oculto tras la estantería de libros, un espacio reforzado con acero que la abuela Juliette había mandado construir décadas atrás.
"Pase lo que pase, no salgán. No hagan ruido", les rogó Valeria, dándoles un beso rápido.
Al salir al salón, se encontró con Mía apostada tras la isla de la cocina. El primer cristal de la ventana estalló. Una granada de humo rodó por el suelo, llenando la estancia de una n