Bianca había decidido que el accesorio perfecto para el cuadro era un pañuelo de seda de edición limitada que colgaba con elegancia desde su cuello. Lo que no tuvo en cuenta es que, para Missiu Leguau, cualquier cosa larga, sedosa y que se balancea es, por definición, una presa.
La gata siamesa estaba agazapada sobre un estante de libros, observando el pañuelo con ojos dilatados. Mía vio la intención en los ojos de su gata, pero "olvidó" avisar.
Con un salto silencioso y perfecto, Missiu aterri