CAPÍTULO 48. Nada queda oculto para siempre.
Capítulo 48
Nada queda oculto para siempre.
La tarde en el penthouse se tornó sombría, como si las nubes grises de la ciudad quisieran colarse por las ventanas para hacer eco del malestar que reinaba en el ambiente.
Sobre la gran mesa de madera oscura, un documento impreso descansaba, casi altanero, con su firma al pie. Isabela, de pie frente al ventanal, lo sostenía entre las manos con el ceño fruncido y el alma enredada entre líneas legales que no reconocía. Su respiración era lenta pero te