CAPÍTULO 270. Una severa advertencia.
Capítulo 270
Una severa advertencia
Isabela salió del penthouse sin hacer ruido. Llevaba el abrigo puesto un abrigo largo y su bolso, más liviano de lo habitual. Había dejado documentos sobre la mesa, había dejado incluso una nota para Gabriel que luego decidió romper. No quería dramatizar una salida que, en su cabeza, seguía siendo una rutina.
Gabriel estaba en la sala de reuniones con Silvio y dos personas más. Ella lo sabía. Podía haber entrado, haber avisado. No lo hizo. No por distancia emocional, sino por una decisión concreta: si todo empezaba a girar alrededor del miedo, ya habían perdido.
El ascensor bajó lento. Isabela miró su reflejo en el espejo metálico y no se reconoció del todo. Tenía las ojeras más marcada, el gesto más duro. No era fragilidad. Era desgaste. Producto de noches enteras sin dormir.
Al salir al estacionamiento, el aire frío la despertó un poco. Subió al vehículo y encendió el motor. El sonido fue normal. Nada fuera de lugar. Ajustó el espejo retrovisor y