—Buenas noches, señor Marco. Venimos de recoger unos documentos que olvidamos. ¿Usted aún no se ha ido? —saludó Adrian, intentando mantener la calma para no parecer sospechoso.
—Será mejor que se marchen. Ya pasó el horario laboral, no deberían estar en la oficina a estas horas —respondió Marco con una sonrisa dirigida solo a Adrian. A Lyra, el primogénito de la familia Marino ni siquiera la miró.
Pero Lyra sintió algo extraño. Su cuerpo comenzó a sudar frío y a temblar, mientras Adrian no nota