De repente, Adrian apretó con fuerza el cuello de Sophia.
La mujer de mediana edad se sobresaltó, luchando con ambas manos por liberarse del agarre.
—Suel...ta... A...drian... —gimió Sophia con voz ronca, casi sin aliento.
—¡Desde el principio nunca quisiste ayudarme de verdad! —siseó Adrian, con los ojos encendidos de furia—. ¡Solo buscaste mi simpatía diciendo que también eras víctima de los Marino! ¡Me manipulaste para que siguiera postergando la verdad! ¡Y luego trajiste a Lyra a mi vida,