—¡Eso no es asunto tuyo, Raffael! Pero lo que sí es seguro... ¡yo soy la heredera principal de la fortuna de los Marino! —afirmó Elia con una seguridad arrogante.
—¡No sueñes despierta! No eres más que una sirvienta en mi casa. Tal vez lograste seducir a papá y convertirte en su amante. Pero una oportunista como tú no obtendrá nada. Así que será mejor que despiertes de ese sueño ridículo —replicó Raffael, dolido al ver cuán confiada estaba Elia.
Ambos se enzarzaron en una discusión acalorada.
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