El reloj de bolsillo de plata, la brújula de latón y el mapa amarillento descansaban ahora, secretos y pesados, en los bolsillos interiores de Lucas. La pequeña cabaña de Ramiro, iluminada por los primeros rayos de sol, se sentía cargada de una tensión silenciosa. Lucas se había vestido, listo para partir, su hombro vendado un recordatorio constante del peligro que lo esperaba. Elena lo observaba, la preocupación grabada en su rostro, suplicándole con la mirada que no se fuera solo.
—Es hora —d