Cuando el doctor llegó con los papeles del alta de Aleksander, no perdimos más tiempo. La única secuela fue que él debía usar un bastón por unas semanas, pero después de eso todo estaba en perfecto orden.
—Creo que es una buena idea organizar una reunión entre amigos —le sugerí a Aleksander —pero no sé si te encuentras con las energías necesarias para hacer tal cosa.
—Claro que vamos a hacer eso, incluso estoy dispuesto a ir a cazar un venado.
—Ni se lo menciones a Analía porque ten por seguro que te va a decir que lo hagas. Por suerte está dormida y no escucha.
—¿Quién dice que voy dormida? —ella habló con los ojos cerrados—. Estoy bien despierta y digo que quiero carne de venado; ni siquiera se necesita un rifle para matarlo; con una camioneta y mi piecito al fondo del acelerador, se encuentra más que listo todo.
—Ni se te ocurra —le advertí a Aleksander cuando lo miré pensativo—. Si lo haces, ten por seguro que vas a hacer que mi parto se adelante. No puedes hacer tal cosa, entien