Pude ver que Aleksander me escuchaba, a pesar de que no decía nada. Me detuve; no le veía sentido a seguir llorando por algo que no podía cambiar.
—¿Y bien? ¿Vas a quedar ahí? Pensé que te querías seguir desahogando con todo esto.
—¿Acaso eso va a servir para cambiar la realidad? Sinceramente, no lo creo; las cosas son como son y no hay nada que se pueda hacer para poder cambiarlas.
—Quizás no sirva para cambiarlas, pero al menos en tu caso te vas a sentir más tranquila después de desahogar todo lo que cargas dentro.
—A veces es mejor callar porque las cosas se pueden poner incómodas, así que hasta ahí he llegado. Con el tiempo todo se va a ir acomodando de la manera en que se tiene que acomodar y ya.
Le ayudé a Aleksander a abrir la puerta de mi cuarto; cuando él entró, me puso en la cama con cuidado. Se iba a marchar; sin embargo, lo detuve.
—Por favor, quiero que te quedes —lo detuve de la camisa—. No te vayas, al menos quédate un minuto aquí conmigo.
—Está bien —él se sentó al bor