La tensión en el aire era tan palpable que se podía cortar con un cuchillo; mi tío, al ver la cara enojada de Aleksander fue que retrocedió y sonrió con cierto nerviosismo.
—No le estoy haciendo nada a tu esposa, muchacho —él mantuvo esa sonrisa nerviosa—. No tienes que ponerte tan a la defensiva; al final de cuentas, ella es mi sobrina.
—Mi esposa le pidió que se alejara de ella; además, les dijo unas cosas que no me terminan de gustar del todo. Así que le aconsejo dos veces antes de querer me