Ver a Aleksander hacer este trabajo era algo que sinceramente me atraía demasiado y me daba vergüenza admitirlo.
—Al parecer te ha dado pena admitirlo. —Analía llevó sus manos a su boca y comenzó a reír—. Es normal que te guste mi papito, tía Brielle. Él es un hombre muy guapo; aunque no tenga muchos pelos, es simpático.
—Las cosas que dices, Analía —comencé a reír—. Mejor ve a empacar tus cosas, que el viaje a la ciudad es algo lejano y tenemos que irnos hoy porque mañana tienes que ir tempran