Ver a Aleksander hacer este trabajo era algo que sinceramente me atraía demasiado y me daba vergüenza admitirlo.
—Al parecer te ha dado pena admitirlo. —Analía llevó sus manos a su boca y comenzó a reír—. Es normal que te guste mi papito, tía Brielle. Él es un hombre muy guapo; aunque no tenga muchos pelos, es simpático.
—Las cosas que dices, Analía —comencé a reír—. Mejor ve a empacar tus cosas, que el viaje a la ciudad es algo lejano y tenemos que irnos hoy porque mañana tienes que ir temprano a la escuela.
Analía obedeció como siempre y al final nos fuimos de la casa una vez que todo quedó en total orden. No quería pensar mucho en todos los problemas que se me habían venido encima; al final de cuentas, pues no era algo que estuviera en mi control.
Al llegar al edificio en el que vivía, Aleksander se hizo cargo de bajar todo, incluso a las gemelas. Chloe subió conmigo y miraba mis manos; de alguna manera esto iba a ser un problema a la hora de quedarme en total soledad.
—Ya todo se