Me aferré al volante y mi mirada estaba en un punto fijo; podía sentir el temor en todo mi cuerpo, pero este se enfocaba en mis manos principalmente y lo transmitía a la perfección. Todos los posibles escenarios en los que podía involucrarme de ser una persona la que hubiera atropellado.
—¿Te vas a quedar ahí o irás a ver a quién has atropellado? —Analía me miró con tranquilidad—. No resolvemos nada con estar aquí.
Me aseguré de revisar a las niñas; esperaba que no hubieran tenido alguna especie de daño por lo que había hecho. Por suerte, ella se encontraba a salvo.
—Analía, te juro que te amo, pero te encuentras castigada. No te bajes del carro y espera aquí.
Me desabroché el cinturón y bajé de la camioneta; al ir a la parte trasera, me quedé helada con lo que miré.
—Ay, Dios mío —llevé mis manos a mi boca—, no puedo creerlo, ¿Qué he hecho?
Analía al escuchar mis lamentos, se bajó del carro y miró el animal muerto en la hierba; pensé que se iba a horrorizar dado que era una niña, per