Renzo
El puerto estaba desierto a esta hora, excepto por los guardias de turno que hacían rondas.
No importaba cuántas veces viniera aquí, siempre sentía que el puerto tenía vida propia.
Me estacioné cerca de la oficina, apagando el motor del coche. Miré mi teléfono una última vez. Gabriella había mandado un mensaje corto hace una hora: "Me quedo en casa de Bianca esta noche con los niños. No te mueras trabajando."
Resoplé mientras salía del auto. No podía prometerle eso.
Sabía que había probl