Gennaro
Respiré hondo, intentando calmar el ardor que recorría cada centímetro de mi cuerpo maltratado.
La silla fría a la que estaba atado parecía fusionarse con mis huesos, cada movimiento me enviaba una corriente eléctrica por la columna.
Me obligué a mantenerme inmóvil, ignorando el sudor frío que se deslizaba por mi nuca.
Nicola y Renzo habían salido después de que el caos se desatara, dejándome aquí, como un perro herido, pudriéndome en mi propia sangre.
Todo estaba saliendo como lo habí