Alex
Estaba frente al mostrador de la recepción, sintiendo las venas de mi cuello pulsar a un ritmo desbocado. El guardia de seguridad del hospital dio un paso al frente al notar mi postura agresiva, pero yo no podía retroceder. El olor a éter y el sonido metálico de las camillas pasando al fondo eran detonantes para un pánico que jamás supe que existía dentro de mí.
—¡Ya se lo dije, soy su novio! —Mi voz salió una octava más alta de lo normal, resonando por el vestíbulo frío—. El contacto de e