La náusea se convirtió en mi sombra. Me recibía al despertar, me acompañaba en las visitas a las obras en construcción y se sentaba conmigo a la mesa de dibujo tarde en la noche. Pasaron tres, de ahí cinco, luego siete días de un tormento silencioso. El olor al café, que antes era el combustible indispensable de Kintsugi, ahora era un detonante insoportable que me hacía correr al baño con el estómago en llamas, temblando por el esfuerzo físico.
Sarah dejó una prueba de embarazo sobre la barra d